Buenos días ¿Qué tal el fin de semana? El mío ha estado dedicado a la limpieza y la puesta a punto de la casa porque parece que, por fin, ha terminado la obra de la cocina. Entre trapos, fregonas y polvo, he sacado un rato para escribir sobre un libro que he leído recientemente. Turno de Tiempo de silencio de Luis Martín – Santos .
A partir de un accidente estúpido y de sus consecuencias, no por evitables menos determinadas, el autor nos muestra con ojo irónico el panorama completo de los estratos sociales de la ciudad. Lo más significativo del libro, no obstante, es su decidido y revolucionario empeño por alcanzar una renovación estilística a partir, ya que no en contra, del monocorde realismo de la novela española de la época en que apareció.
Publicada en la década de los 60, Tiempo de silencio es una novela incómoda, extraña y, por momentos, desconcertante. La historia sigue a Pedro, un joven médico investigador que intenta avanzar en sus estudios científicos en una España gris, asfixiante y profundamente desigual. Lo que podría haber sido un relato más o menos lineal se convierte en algo mucho más complejo: un descenso por distintos estratos sociales, desde los laboratorios precarios hasta los suburbios más miserables.
No es una novela fácil. El estilo rompe constantemente con lo esperado: monólogos interiores, cambios de registro, ironía afilada, frases largas que obligan a releer. Martín-Santos juega con el lenguaje, lo tensa, lo estira, lo deforma. A veces desconcierta; otras, deslumbra. Hay momentos en los que uno se pregunta si está entendiendo todo… y otros en los que entiende demasiado.
Durante la lectura tuve una sensación persistente de incomodidad. No solo por lo que cuenta, la pobreza, la humillación, la hipocresía social, sino por cómo lo cuenta. La novela no busca agradar ni ofrecer alivio. Todo está impregnado de una mirada crítica, casi cruel, hacia los personajes y hacia el contexto que los condiciona. La ciencia, la ambición, el deseo, la miseria: nada queda a salvo.
Y sin embargo, cuando terminé el libro, mi reacción inicial fue clara: “esto no me ha gustado”. Me había resultado áspero, incluso distante. Pero pasó el rato. Y empecé a pensar en ciertas escenas, en determinadas imágenes, en la valentía formal de la propuesta. Empecé a valorar lo que había hecho conmigo como lectora. Y entonces entendí que sí, que había sido una buena lectura.
Porque Tiempo de silencio no es una novela para disfrutar en el sentido clásico. Es una novela para enfrentarse a ella. Para aceptar que la literatura también puede incomodar, descolocar y exigir un esfuerzo. Y cuando un libro consigue eso, cuando se queda dando vueltas en la cabeza horas después, algo importante ha pasado.
Luis Martín-Santos fue psiquiatra además de escritor, y quizá esa mirada clínica se percibe en la disección moral y social que atraviesa la novela. Tiempo de silencio supuso una ruptura en la narrativa española de su tiempo, introduciendo técnicas más cercanas a la novela europea moderna y alejándose del realismo más tradicional.
El autor nació en Larache (Marruecos) en 1924 y falleció en Vitoria en 1964. Cursó la carrera de Medicina en la Universidad de Salamanca y se doctoró por la de Madrid en 1947. Residente en San Sebastián desde 1929, en 1951 pasó a dirigir el sanatorio psiquiátrico de dicha ciudad. Su novela Tiempo de silencio (Seix Barral, 1962 y 2004) es una obra fundamental en la historia de la literatura española.
No es un libro redondo ni cómodo. Es raro, exigente y por momentos incluso desagradable. Pero también es valiente, ambicioso y literariamente muy potente. A mí me ha dejado esa sensación extraña de rechazo inicial y reconocimiento posterior.
Y eso, al final, dice mucho de lo que la literatura puede provocar.
Editor: Austral
Fecha de publicación: 2013
Colección: Narrativa Española
Nº de páginas: 288 págs.
ISBN: 9788432215698
Precio:10,95 €








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