Buenos días 🙂 ¿Qué tal lleváis la semana? Hoy me paso por aquí con la reseña de un clásico que tenía pendiente desde hace tiempo y que, por fin, he leído. Una novela breve, sí, pero cargada de fuerza, dignidad y tristeza. De esas lecturas que parecen pequeñas y, sin embargo, lo dicen todo. Turno de El coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez. 
El protagonista es un coronel retirado que, cada viernes, acude al puerto con la esperanza de recibir la carta que le confirme la llegada de su pensión. Lleva años esperando, resistiendo, sobreviviendo a duras penas con su mujer enferma en una casa donde no hay ni qué comer. Y aun así, sigue creyendo. A esa espera, casi absurda, se le suma el cuidado de un gallo de pelea —último legado de su hijo asesinado— que representa algo más que un simple animal: una posibilidad, una promesa, una fe desesperada en que todavía puede pasar algo.
Con un estilo sobrio y contenido, sin los elementos más mágicos o barrocos de otras obras suyas, García Márquez construye una historia profundamente humana. Lo que más me ha impresionado es cómo logra, con tan pocas páginas, transmitir tanto: la pobreza, la soledad, el cansancio, pero también la dignidad, el orgullo y la terquedad de quien se niega a rendirse.
Los silencios entre el coronel y su esposa dicen más que muchas conversaciones. La rutina, la desesperanza, la espera interminable… todo está narrado con una calma que corta. No hay dramatismos, y tal vez por eso duele más. El famoso final —directo, seco, inolvidable— resume a la perfección lo que es este libro: un golpe silencioso que deja marca.
Me ha parecido una lectura muy especial. A pesar de su brevedad, exige atención y sensibilidad. El coronel no tiene quien le escriba es una historia sobre la espera, pero también sobre el orgullo, la resistencia y el no querer renunciar a la esperanza, incluso cuando todo parece perdido. Una lectura que se queda, que remueve, que interpela. Y que, desde ya, entra en mi lista de clásicos imprescindibles.
Gabriel García Márquez (1927- 2014), nacido en Colombia, es una de las figuras más importantes e influyentes de la literatura universal. Ganador del Premio Nobel de Literatura en 1982, fue, además de novelista, cuentista, ensayista, crítico cinematográfico, autor de guiones y, sobre todo, un intelectual comprometido con los grandes problemas de nuestro tiempo, y en primer término con los que afectaban a su amada Colombia y a Hispanoamérica en general. Máxima figura del llamado «realismo mágico», en el que historia e imaginación tejen el tapiz de una literatura viva, que respira por todos sus poros, fue en definitiva el hacedor de uno de los mundos narrativos más densos de significado que ha dado la lengua española en el siglo XX. Entre sus novelas más importantes figuran Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, Relato de un náufrago, Crónica de una muerte anunciada, La mala hora, El general en su laberinto, el libro de relatos Doce cuentos peregrinos, El amor en los tiempos del cólera y Diatriba de amor contra un hombre sentado. En el año 2002 publicó la primera parte de su autobiografía, Vivir para contarla; en 2004 volvió a la ficción con Memorias de mis putas tristes, y en 2012 sus relatos fueron recopilados en Todos los cuentos. En agosto nos vemos (2024) es su novela inédita.
Es curioso cómo, sin grandes escenas ni apenas acción, García Márquez consigue que acompañemos al coronel en su espera como si fuera nuestra. Hay algo profundamente universal en esa sensación de confiar en que, algún día, llegará lo prometido. Y cuando eso no sucede, lo que queda es la decisión de seguir esperando o romper con todo. Esta novela no da respuestas fáciles, pero sí plantea preguntas que resuenan mucho más allá del contexto en el que está ambientada. Y tal vez por eso sigue siendo tan actual. Porque, en el fondo, ¿quién no ha sido el coronel alguna vez?
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Editor: DeBolsillo
Fecha de publicación: 2003
Colección: Narrativa Extranjera
Nº de páginas: 104 págs.
ISBN: 9788497592352
Precio: 11,95€








Comment
Es que es un clásico imprescindible, como bien señalas. Y de las que relees y disfrutas aún más.
Besotes!!!