Buenos días de miércoles 🙂 ¿Qué tal lleváis la semana? Espero que estéis cogiendo septiembre y la vuelta a la rutina con ganas o, al menos, que no os arrolle este mes que, como enero, es de los que se hacen larguitos. Para intentar aliviar un poco eso, os traigo la reseña de un libro que me ha gustado bastante. Turno de Cuando canta el búho de Janet Frame.

La voz de Daphne Whiters resuena en la habitación oscura de un manicomio. Sus palabras van componiendo la historia de su familia y de la tragedia alrededor de la que orbitan ella y sus hermanos: Francie, que se rebeló contra las normas de papá; Toby, cuyos ataques epilépticos lo condenan a la soledad, y Teresa, que se agarra a la respetabilidad social para tapar las heridas del pasado.
Hay libros que se leen como una herida abierta, donde cada palabra parece tocar una parte frágil de nosotros. Cuando canta el búho es uno de ellos. Janet Frame, con su prosa intensa y poética, nos introduce en la infancia de Daphne, Francie, Toby y Teresa.
La historia narra un mundo donde los adultos no son refugio, sino figuras lejanas, incapaces de ofrecer protección. La niñez aparece aquí despojada de idealización: lo que Frame nos muestra es la vulnerabilidad extrema de una infancia en la que la soledad y el miedo pesan más que los juegos.
Lo más sobrecogedor de la novela es el modo en que la autora se adentra en la mente infantil. Frame escribe con imágenes potentes, cargadas de simbolismo, y convierte los pensamientos en una especie de monólogo poético donde lo real y lo imaginario se mezclan. Esa forma de narrar, tan distinta y exigente, puede resultar desconcertante al principio, pero poco a poco va envolviendo al lector hasta sumergirlo en una atmósfera única, densa y conmovedora.
El canto del búho atraviesa la historia como una metáfora de lo inevitable: la muerte, el dolor, aquello que sobrevuela siempre la vida y que se anuncia en los momentos más oscuros. Es un símbolo que no solo acompaña a los personajes, sino que marca el tono de toda la novela, recordándonos que estamos leyendo una infancia quebrada, muy lejos de la inocencia idealizada que solemos encontrar en otros relatos; y sobre una adultez marcada por todo ello.
En mi caso, la lectura ha sido dura, incluso incómoda por momentos, pero al mismo tiempo reveladora. He sentido el desasosiego como algo cercano porque Frame no edulcora nada: no suaviza el dolor, no oculta la crueldad del abandono ni la fragilidad frente a un mundo hostil. Y sin embargo, en medio de tanta dureza, hay destellos de ternura, de imaginación y de resistencia que impiden que la novela se convierta en pura oscuridad.
Janet Frame nació en 1924 en Dunedin (Nueva Zelanda); fue la tercera hija de una familia humilde de origen escocés. Su padre trabajaba en los ferrocarriles y su madre era sirvienta de la familia de la escritora Katherine Mansfield. En 1943, empezó a formarse como profesora, pero su intento de suicidio marcó el principio de su peregrinaje por diferentes centros psiquiátricos: los hospitales de Dunedin, Seacliff, Avondale, Sunnyside… Estos nombres luminosos escondían una realidad muy dura que Frame utilizó más adelante en sus obras. Le diagnosticaron esquizofrenia y la trataron con insulina y terapia electroconvulsiva. Cuando era paciente en Seacliff escribió su primer libro, The Lagoon and Other Stories (1951), que obtuvo un éxito inmediato y ganó el prestigioso Hubert Church Memorial Award. Seguramente, para la escritora, el mayor logro de esta obra fue que consiguió que se cancelara la lobotomía cerebral que ya le habían programado. Ya libre, viviendo en Auckland escribe su primera novela, Cuando canta el búho (1957). Sin dejar de luchar contra la depresión y la ansiedad se estableció en Londres, se cambió el nombre a Nene Janet Paterson Clutha para que fuera más difícil localizarla y, sobre todo, siguió escribiendo. Publicó su segunda novela, Rostros en el agua en 1961. En 1983 se le concedió el grado de Comendador de la Orden del Imperio Británico y, en 1989, recibió el Commonwealth Writers’ Prize por su novela The Carpathians. Frame murió de leucemia en 2004 a la edad de setenta y nueve años.
Como veis, la vida de Janet Frame estuvo marcada por el dolor y la incomprensión. Diagnosticada erróneamente con esquizofrenia, pasó años internada en hospitales psiquiátricos. Esa experiencia de encierro, aislamiento y sufrimiento atraviesa inevitablemente su primera novela, Cuando canta el búho, donde la autora convierte en literatura lo que para muchos habría sido una condena.
Cuando canta el búho es una lectura exigente, cargada de simbolismo y belleza poética, pero también profundamente dolorosa. No es un libro para todo el mundo, porque obliga a enfrentarse a emociones incómodas. Pero quienes se atrevan con él descubrirán una obra distinta, escrita desde un lugar de verdad, que ilumina lo que solemos preferir mantener en sombra: la vulnerabilidad y la soledad que a veces la acompaña.
Una novela que hiere, pero que también abre los ojos y demuestra, una vez más, la fuerza de la literatura para decir lo que nadie parece querer escuchar.
¿La habéis leído?
Editor: Trotalibros
Fecha de publicación: 2024
Colección: Narrativa Extranjera
Nº de páginas: 320 págs.
ISBN: 9789992076699
Precio: 22,95€








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