Buenos días 🙂 Termina un fin de semana intenso y empieza una semana que va a ser larga, muy larga. Sin embargo la empiezo con una recomendación. Un libro duro, intenso y triste que me ha encantado El jardinero y la muerte de Georgi Gospodinov. 
«Mi padre era jardinero. Ahora es jardín.» En El jardinero y la muerte, Gueorgui Gospodínov nos sumerge en los interminables meses durante los que, día tras día, vio cómo se iba apagando la vida de su padre. Mientras este moría a su lado consumido por la enfermedad, Gospodínov le sostuvo la mano hasta que llegó el fin. Y aun en su lecho de muerte, para él seguía siendo el más alto, el más guapo, el más amable. Seguía siendo su padre. Entre los campos de fresas de la infancia y el inevitable adiós, Gospodínov teje un relato íntimo sobre el duelo y la memoria.
No es fácil hablar de El jardinero y la muerte. Y quizá eso ya dice bastante del libro.
Porque más que una novela, lo que tenemos aquí es algo muy íntimo: el intento de un hijo de escribir sobre la enfermedad y la muerte de su padre. Y hacerlo sin dramatismo, sin grandes discursos, casi con la misma delicadeza con la que se cuida un jardín.
El padre del autor es el “jardinero” del título. Un hombre acostumbrado a entender la vida a través de la tierra, de las plantas, de las estaciones. Un hombre que sabe que todo crece, florece y, tarde o temprano, también se marchita. Frente a ese mundo natural aparece la enfermedad, el hospital, ese tiempo extraño en el que los días parecen detenerse mientras uno se prepara, aunque en realidad nunca se está preparado, para despedirse.
Gospodinov construye el libro a base de fragmentos: recuerdos de infancia, pensamientos sobre los padres, pequeñas escenas, reflexiones sobre lo que significa acompañar a alguien en su final. No hay una historia lineal, sino una especie de cuaderno emocional donde el autor intenta poner palabras a algo que en realidad es casi imposible explicar.
Lo que más me ha gustado es el tono. No hay sentimentalismo fácil. Hay tristeza, claro, pero también ternura, lucidez e incluso pequeños momentos de humor. Como si el autor supiera que la vida, incluso en los momentos más difíciles, nunca es completamente solemne.
Mientras lo leía tenía la sensación de estar dentro de una despedida larga y silenciosa. Y de que el autor no escribe para entender la muerte, porque probablemente nadie puede, sino para acompañarla.
Gueorgui Gospodínov (1968) es el escritor búlgaro más importante desde la caída del telón de acero. Finalista del premio Von Rezzori o el Brücke Berlin y ganador del premio Booker Internacional y del Strega Internacional por su novela Las Tempestálidas, su obra ha sido traducida ya a más de treinta idiomas. Tras la aparición de varios poemarios con los que alcanzó prestigio y fama en su Bulgaria natal en la década de los noventa, publica en 1999 su primera obra en prosa, Novela natural (próximamente en Impedimenta), que lo convierte en uno de los autores más destacados de su generación. Además de la colección de relatos Acerca del robo de historias (2001; Impedimenta, 2024) y la novela Física de la tristeza (2011, próximamente en Impedimenta), su obra incluye también teatro, ensayo, novela gráfica y videoinstalaciones.
Es un libro breve, pero de los que se quedan dando vueltas después de cerrarlo. Como esas historias que no hacen ruido mientras las lees, pero que siguen creciendo por dentro durante mucho tiempo.
¿Lo has leído?
Editor: Impedimenta
Fecha de publicación: 2005
Colección: Narrativa Extranjera
Nº de páginas: 224 págs.
ISBN: 9791387641030
Precio:22,95 €








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